domingo, 3 de mayo de 2015

Fernando de Rosa Lenccini, socialista y revolucionario italiano. Biografía. : Italia, Francia, Bélgica. (1ª parte)

       Fernando De Rosa Lencinni ,  fue un antifascista italiano, militante socialista de la Segunda Internacional y revolucionario. Nacido en Milán el  07 de octubre 1908    , falleció en España,  Peguerinos  el 16 de septiembre de 1936, combatiendo  al ejercito franquista sublevado el 18 de Julio contra  legítimo gobierno republicano. .

Encontramos informaciones contradictorias sobre esta etapa de su vida .


Según la wikipedia italiana: 


" Fernando creció en Turín  criado por su madre, una maestra de escuela primaria en la capital del Piamonte. En 1922 se incorporó y participó activamente en las escuadras fascistas. Su militancia fue interrumpida por un accidente que ocurrió en su casa: mientras estaba limpiando el arma, un disparo accidental  mató a su amigo y contemporáneo, que Mahmoud Aly Anim. Tras el accidente fue juzgado y condenado el 25 de octubre de 1924, a  tres meses y 15 días de cárcel. El trágico suceso le hizo dejar de escuadrones de la agricultura y reanudar sus estudios graduándose en la escuela Cavour, posteriormente se matriculó en 1927, en la facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de Turín .

En la escuelas se hace  socialista y en 1928, para evitar el servicio militar, se exilia a Francia, tomando contacto en París con Carlo Rosselli . Se matricula en la facultad de Derecho de la Sorbona.

El  22 de octubre de 1929, lo acompañó en tren a Bruselas, donde el príncipe Humberto de Saboya fue en visita oficial, a pedir la mano de la princesa María José de Bélgica. En la mañana del 24 de octubre,  Humberto de Saboya fue a visitar la tumba del soldado desconocido belga, pero la ceremonia fue interrumpida por un disparo del arma de fuego de Fernando De Rosa. Detenido y condenado a cinco años,  la sentencia fue reducida a la mitad . Al salir de la cárcel  se trasladó a España en 1932 .  
Con el estallido de la Guerra Civil Española se alistó como voluntario y tomó el mando del batallón Octubre . Falleció combatiendo durante  la batalla en el Monte Cabeza Líjar en Guadarrama .

La ciudad de Torino ha dedicado una calle a Fernando De Rosa.
       Noticia sobre el atentado publicada en la prensa española.                                  


                                                                                                                                              Rey Humberto II  de Italia y su esposa María José de Bélgica.
Amplía y completa la información biográfica  en lo referente a la primera etapa de la vida de Fernando de Rosa, en Italia y Francia la wikipedia británica, con datos muy interesantes sobre el atentado al príncipe Humberto de Piamonte  ( Más tarde Rey humberto II, únicamente durante 33 días de reinado, del 9 de Mayo al 12 de junio de 1946, tras  aceptar los resultados del plebiscito celebrado el 2 de junio en el que los italianos democráticamente optaron por la república) y la importante labor de su defensa realizada durante el proceso que se siguió contra él, todo un alegato contra la Italia fascista de Mussolini:


"Fernando de Rosa  fue un estudiante italiano que intentó asesinar al príncipe Humberto de Piamonte, más tarde Humberto II de Italia en Bruselas el 24 de octubre de 1929. De Rosa nació en Milán y en Turín antes estudió derecho huyendo de Italia a Francia con el fin de evitar la cárcel por sus ideas políticas. Permaneció en París durante un año, estudiando Derecho en la Universidad de París . Durante estos años, colabora  escribiendo  para una revista antifascista.

En octubre de 1929, de Rosa viaja a Bruselas y atenta contra el príncipe heredero Humberto II de Italia, . El tiro falló y de Rosa fue detenido de inmediato. Su juicio se convirtió en un acontecimiento político importante,  fue declarado culpable de intento de asesinato, y condenado a cinco años de prisión. Esta condena provocó un gran revuelo político en la  Italia fascista y una breve ruptura en las relaciones belga-italiano. En marzo de 1932, de Rosa fue indultado a petición del Príncipe Umberto y puesto en libertad, después de haber cumplido  menos de la mitad de su condena. Anunció su intención de volver a París y continuar sus estudios de derecho, pero se refugió en la recién nacida segunda República de España.


De Rosa nació 07 de octubre 1908 en Milán como Fernando Lencioni, abandonado en el hospital tras el parto . Fue adoptado por una familia local y criado como su propio hijo, cambiando su nombre por el de Rosa en 1918. Vivió en Milán hasta 1922 o 1923. Cuando se fue a estudiar a Turín a estudiar  derecho .  En 1928, temiendo que sería encarcelado por el régimen de Mussolini por sus opiniones políticas, cruzó los Alpes esquíando hasta llegar a  Francia. A su llegada a Francia, fue detenido por la policía francesa, pero después de explicar su situación, se le dio una tarjeta de identidad francesa y le permite permanecer en el país. Luego se traslada a París, donde escribie para una revista antifascista y estudia derecho en la Universidad de París.  Mientras estaba en París, las opiniones políticas de De Rosa se radicalizaron. Se convirte en un socialista comprometido  miembro de la Segunda Internacional.

En octubre de 1929, de Rosa viajó desde París a Bruselas armado con un revólver, y la planifica el atentado contra Umberto II, entonces príncipe heredero de Italia que acudía a la petición de  mano de su prometida belga.  De Rosa consiguió acercarse al  Príncipe Umberto, mientras este  visitaba la tumba de Bélgica del Soldado Desconocido,  dispararon un tiro de revólver; pero se resbaló justo cuando estaba disparando el tiro, lo que provocó que errar en su objetivo. Después de disparar  el revólver de De Rosa se  atascó,sin poder repetir un nuevo intento. Fue reducido  rápidamente por un policía belga. La policía señaló que antes de disparar,  Fernando  gritó "¡Viva Matteoti!" en referencia a Giacomo Matteotti, un socialista italiano asesinado por el partido fascista,  otros testigos declararon que gritó "¡Abajo Mussolini!" 
Después del atentado, la multitud se enfureció, gritando "¡Muerte al asesino" y una turba trató de  lincharle, evitándolo la policía tras  enfrentarse con la multitud.  De Rosa  resultó "magullado ... quedando casi inconsciente", pero llegó a la comisaría sin sufrir lesiones graves.  De acuerdo con informes de los medios, el príncipe Umberto oyó los disparos, "pero apenas vlolvió la cabeza, y siguió conl programa de homenaje previsto 
Después de su arresto, de Rosa fue interrogado rápidamente por la policía . Declaró que había planificado   matar a cualquier miembro del gobierno de Mussolini o un miembro de la familia real italiana desde hace algún tiempo, motivado por sus fuertes creencias antifascistas  Confesó  al juez de instrucción: ".. Me arrepiento de no haber  podido disparar de nuevo "  Aunque la policía creyó que De Rosa había actuado solo, encontraron los restos carbonizados de una carta en la habitación donde se había alojado, dando lugar a especulaciones sobre el apoyo al atentado  por parte de algún otro grupo, fue arrestada  una  estudiante italiana que había estado en la tumba del soldado desconocido en el momento de la tentativa. 


El 25 de septiembre de 1930, el juicio de De Rosa comenzó en Bruselas. En el juicio, que fue representado por el abogado  Paul-Henri Spaak, más tarde, el llegó a ser Primer Ministro de Bélgica y un especialista en la defensa de los presos  políticos, y por Paul De Bock, un escritor y destacadoabogado.  El juicio comenzó con un declaración de Rosa, que "Sonaba como gran alegato contra el fascismo", marcando el  tono político de su defensa que continuaría durante todo el proceso. A modo de defensa, de Rosa afirmó que "había disparado intencionalmente al aire" en lugar de al Príncipe , reiteró que había actuado solo, y que ninguno de los grupos antifascistas a los que pertenecía  habían participado en la planificación del ataque.
El segundo día del juicio de Rosa  intensamente político. Francesco Nittii , ex Primer Ministro de Italia y de fuerte sentimiento anti-fascista, testificó en nombre de de Rosa llamándolo "un joven honesto, moderado, leal y bien educado" y defendió las acciones de De Rosa plenamente justificadas contra  el ascenso del  fascismo.  Luis de Brouckere, senador belga,  declaró que el Gobierno italiano se estaba "preparando para la guerra a ambos lados de la frontera albanesa, así como a lo largo de los Alpes". Otras grandes figuras belgas e italianas declararon en favor de Fernando de Rosa , como parte de una estrategia "para demostrar que el régimen  fascista de Mussolinni había aplastado la libertad en Italia y que una acción como la de Rosa era explicable por el efecto que tal represión podría tener."  En su declaración final, los abogados de De Rosa declararon : ". Es el régimen fascista el que está siendo juzgado" 
En reacción a la intensa politización del caso, el fiscal instó al jurado sólo para considerar si la cuestión de de Rosa había intentado matar a Umberto (manteniendo al margen  los asuntos políticos), y exigió "castigo severo".  Después de sólo medio de una hora de deliberación, el jurado emitió un veredicto de culpabilidad, pero condenado a sólo cinco años de Rosa de prisión. La noticia fue recibida con "decepción" inmediata en la Italia fascista , donde el gobierno  de Mussolinio esperaba una sentencia mucho más dura. El Duce Benito Mussolini "  sugirió la retirada del embajador de Italia en  Bruselas. "

El 16 de marzo de 1932, después de que De Rosa había cumplido  alrededor de la mitad de su condena de cinco años, fue indultado por el rey Alberto de Bélgica a petición del Príncipe Humberto.  Puesto en libertad al día siguiente, anunció que iba a volver a París con el fin de reanudar sus estudios de derecho. Pero sin embargo, se refugió en España, donde continuó su militancia socialista y revolucionaria, llegando a participar  en octubre de 1934en un levantamiento revolucionario en Madrid paralelo a la revolución de Asturias. Encarcelado y procesado, tras su liberación, se unió a las  socialistas madrileños, combatió desde el primer momento del 18 de Julio de 1936, el golpe de estado de los militares fascistas y monárquicos, formó el Batallón de Milicias socialistas Octubre  . Murió el 16 de Septiembre  de 1936 combatiendo contra el fascismo en la Sierra del Guadarrama.

Pero sobre esta segunda etapa y final de su vida, nada mejor que el testimonio de su amigo y compañero de partido y del Batallón Octubre ,Manuel Tagüeña .

lunes, 27 de abril de 2015

La Alférez Remedios Jover obtiene el ascenso a grado de Teniente por su comportamiento : “ interviniendo con arrojo en el combate librado en la posición de Cabeza Lijar , Peguerinos"

" ... El día 1 de agosto al anochecer Remedios Jover  
junto con sus compañeros de batallón parte desde Madrid hacia el Escorial en tren, de ahí en camión hasta Peguerinos, trasladándose poco después a pie hasta llegar a San Rafael. Es entonces cuando el batallón concentra sus fuerzas en un campamento al que denominaron  Las Navazuelas, , lugar donde hoy en día se localiza el Valle de los Caídos. Durante los días siguientes se dedican a la exploración de la zona ocupando Cabeza Lijar el 6 de agosto sin incidencias destacables. A mediados de mes empiezan los combates de artillería, aunque en estos momentos el frente no era continuo de la cima, pero a los pocos segundos la metralla de alguna explosión alcanzó también a Remedios.
Cabe destacar la capacidad táctica y la cohesión del grupo primario al que pertenecía Remedios. Si bien el Batallón Octubre 11, estuvo siempre bajo el mando de Manuel Tagüeña, cuando fue necesario, pasó a disposición de otros mandos si la urgencia y los superiores lo requerían, por ejemplo en los combates por los accesos de Madrid:
 Habíamos recibido tres fusiles ametralladoras, cuyo manejo asimilaron los chicos del batallón Octubre… un núcleo de éstos eran mis colaboradores más cercanos… habían respondido a mi llamada… con pasmosa naturalidad recogieron las bombas… las ataron con una aplicación que superaba mis consejos y se situaron al acecho de los tanques. ¡Heroicos chavales de las JSU, con que emoción los seguía!. No obstante, el 15 de septiembre se inicia un bombardeo excepcional en la zona, el batallón quedó incomunicado por teléfono y empezó entonces la ofensiva republicana tratando de atacar por sorpresa al enemigo. Manuel Tagüeña nos lo explica en sus memorias:
 El mismo día 15 empezamos a preparar el contraataque. Lo iban a realizar varias compañías de nuestro batallón, entre ellas una de alicantinos que eran magníficos soldados… Pronto vimos casi en la cima a Remedios, una alicantina luego ascendida a Alférez, agitando una manta roja, pero fuimos rechazados con grandes bajas…
 Pasé la noche en la misma cima…rodeado de los alicantinos que quedaban vivos: no eran más de diez de toda la Compañía, todos sus oficiales habían muerto…

La amenaza de la artillería franquista en Cabeza Lijar representó para el Batallón Octubre la obligación de ponerse de pie y aguantar así, y “estar de pie para ser cañoneados, sin poder hacer otra cosa, es una de las cosas más desagradables que le puedan suceder a un soldado”: Ello se justifica en la misma narración de Manuel Tagüeña:
 Al amanecer del día 16 comenzó nuestra ofensiva, tratando de atacar por sorpresa, ya que no teníamos artillería que nos protegiese… Durante el día repetimos el ataque muchas veces, sin resultado… Sobre las cuatro de la tarde Fernando de Rosa… cayó muerto de un balazo en  la cabeza. Ésa fue la señal de retirada, y nuestros milicianos retrocedieron en desorden. Con grandes dificultades los fuimos deteniendo…

Con todo, las tropas franquistas se habían establecido con firmeza en Cabeza Lijar y pocas horas después muere Fernando de la Rosa, iniciándose la retirada de la cima. Fue entonces cuando Manuel Tagüeña  Lacorte asume el mando del batallón, y nos recuerda en sus memorias que Remedios Jover fue gravemente herida.
Este episodio ocurrió en plena retirada y en dirección hacia abajo y es aquí cuando Remedios se da cuenta de que su compañero de batallón, Vicente Aracil Maestre de 22 años estaba en el suelo herido. Sin pensarlo ni un momento y sin saber si Vicente en realidad estaba vivo o muerto, retrocede, se agacha y recoge del suelo a su compañero, cargándolo a su espalda por el cuello, con la intención de repartir el peso del soldado en su espalda, iniciando entonces el rápido descenso.
A pesar de la intención de Remedios de salvar a su compañero Vicente, éste murió. A ella la dieron por muerta, ya que las graves heridas recibidas por el impacto de la metralla fueron en la cabeza. No obstante, un soldado encargado de enterrar a los muertos en la fosa común de las milicias, vio que entre ellos había una cabeza que parecía tener el cabello largo, por lo que dedujo que se trataba de una mujer. Volteó el cuerpo para ver la cara del soldado y fue entonces cuando pudo comprobar que era en realidad una mujer y que todavía respiraba.
 Vale la pena indicar al respecto, que los soldados mueren en grandes cantidades cuando huyen, porqué es mostrando la espalda al enemigo cuando son menos capaces de defenderse a sí mismos. La mayoría de las muertes en el combate tienen lugar en una “zona de destrucción” muy definida y bastante extensa (como fue en el caso de la cima de Cabeza Lijar), de la que la “tierra de nadie” de la guerra de trincheras es el ejemplo mejor conocido y explicativo. La profundidad de la zona de destrucción viene determinada por el alcance efectivo del arma más dominante, que en las batallas de infantería es comparativamente corto, y en el combate cuerpo a cuerpo muy corto. Siendo así, cuanto más larga es la zona de destrucción para el vencedor mayores bajas puede causar. Por ello, la situación más peligrosa en toda guerra es precisamente la retirada, que es cuando se está en estrecho contacto con el enemigo. Es necesidad lo que hace que sea tan peligroso, ya que el soldado se encuentra solo o dispersado y muy dentro de la posición enemiga.
Remedios Jover fue entonces trasladada al Hospital de El Escorial, aunque los familiares ya habían recibido un telegrama comunicando que había muerto en combate en el sector de Cabeza Lijar. Fue el Doctor Mezquita Moreno ,el que certificó el parte médico de Remedios. El documento nos indica que después de ser operada con carácter de urgencia y con pronóstico gravísimo, fue evacuada al Cuartel del  Batallón Octubre , localizado en la calle Torrijos de Madrid, donde sería dada de alta el día 31 de octubre de1936 . Los fragmentos de metralla que ocasionaron las heridas a la Teniente fueron causadas por la explosión de una granada. Las heridas de granada son las más temibles, ya que podían llegar a desintegrar al ser humano. La explosión de una granada podía crear sobre presión o vacío en los órganos humanos, menos espectacular pero a veces igual de mortífero, rompiendo los pulmones y produciendo hemorragias en el cerebro y en la médula espinal. Sin embargo, la mayoría de las heridas comunes producidas por granadas eran (como en el caso de la Teniente Remedios), de fragmentos de metralla. Estos proyectiles llevaban en principio poca velocidad y además la perdía rápidamente, en este sentido podemos pensar que eran menos temibles que las balas, pero a menudo se proyectaban en racimo, lo que provocaban algunas grandes heridas o muy numerosas en la misma persona. Los fragmentos de metralla, frecuentemente transportaban fragmentos de uniforme o de otras materias extrañas dentro del cuerpo, lo que hacía que las infecciones fuesen inevitables. A pesar de la operación realizada por el doctor Romero Pla, a la Teniente no se le pudo sacar la metralla del a cabeza, por lo que la llevaría consigo durante toda la vida. En los combates de Guadarrama, donde participaría activamente Remedios, las mejores unidades peninsulares de los sublevados fueron detenidas por los milicianos, que destruyeron los planes iniciales franquistas de ocupar Madrid. A pesar de las grandes bajas que obtuvieron las columnas milicianas, el éxito de estas formaciones es tanto más meritorio, cuanto que fue alcanzado en condiciones de inferioridad de organización militar, en el sentido más amplio del término.


La Alférez Remedios Jover realiza la convalecencia, obtiene el ascenso a grado de Teniente, grado militar que conservará hasta el fin de la guerra, y ello por su comportamiento: “ interviniendo con arrojo en el combate librado en la posición de Cabeza Lijar “..."
Extracto del libro: Remedios Jover Cánovas (1899-1985) : de la Defensa de Madrid a la Batalla del Ebro [2013]

Marcelino Soriano Muñoz alias “Garrones”, vecino de Peguerinos, lobero mayor del reino, cazador del último lobo de la Sierra de Guadarrama.


" Un artículo en el ABC del 15 de febrero de 1949 celebra el exitoso trabajo de la junta de Ávila, que la temporada anterior acabó con 46 lobos, y da cuenta de la ceremonia de entrega de premios: el primero recayó sobre Marcelino Soriano, un habitante de Peguerinos que mató siete de las odiadas alimañas. "A finales de los años 50, firmado por el corresponsal de un periódico local en El Espinar, “E.H.”, encontramos una crónica sobre un “especialista en la caza de lobos”. Se llama Marcelino Soriano, apodado el Garrones. Natural de Peguerinos, a sus 77 años seguía persiguiendo y cazando lobos. Era “un gran práctico y conocedor de los términos municipales de toda la comarca, y constantemente recorre los sitios más abruptos y estratégicos por donde sabe que menudean estos animales tan dañinos…”.

El Garrones, capturó y dio muerte a más de doscientos ejemplares. En una batida por Campo Azálvaro se presentó en El Espinar con una jaula con cuatro lobeznos recogidos en una cueva, que resultaron ser hembras. El botín le reportó, según comentan las crónicas, muchos parabienes: “por esa hazaña ha sido gratificado espléndidamente por el Ayuntamiento y los ganaderos de la localidad y otros vecinos…”. " "La campaña de exterminio tuvo lugar entre 1950 y 1970, cuyo resultado fue la práctica erradicación de esta subespecie en todo el país, exceptuando la parte noroeste y algunas áreas aisladas de Sierra Morena.Fue en el entorno de la Sierra de Malagón, en los límites de la Sierra Oeste de Madrid, donde certifican las crónicas que fue cazado el último lobo del Guadarrama. Lo hizo en 1952 Marcelino Soriano Muñoz alias “Garrones”, vecino de Peguerinos, que ostentaba el cargo de lobero mayor del reino. "                                                                                                                                                    


Extractos del periódico ABC y de un artículo sobre los lobos en la Sierra de Guadarrama publicado en la Revista NATUR SIERRA el 10/11/2012 bajo el título "El aullido vuelve a la sierra" . Las fotografías que acompañan al texto ;Pie de foto: "En una batida"dada en los montes de Las Navas del Marqués, por un grupo de cazadores se han matado siete grandes lobos, ocho zorras y otros animales dañinos que estaban causando grandes perjuicios a la ganadería. "Fotografía sin identificar autor: Diario ABC. Mayo 1948. La otra no tiene datada su localización y la última es de Marcelino Soriano en el ABC del 7 de Marzo de 1950.

jueves, 23 de abril de 2015

“…eran preferidos los músicos de Peguerinos a los del lugar …”


…. En Robledondo y otros eran preferidos los músicos de Peguerinos (Avila) a los del lugar , pues dicen que daban al baile mayor dinamismo, con breves descansos, aumentando así considerablemente la recaudación. En este pueblo, de bailadores de fama y que conservó hasta ayer mismo una riqueza y variedad de formas coreográficas que resistió extrañamente al embate de la jota, la juventud aprovechaba la música para hacer baile a las puertas de la casa donde se celebraba el espigo. En Navalespino, acabado éste, se solía llevar ronda de seguidillas y jotas a los novios acostados, tras la cual el novio se levantaba y les daba propina. Finalmente, en Las Herreras no podía faltar el vino sobre la mesa, para refrescar tanto a los músicos como al acompañamiento. En este último pueblo, y al finalizar el espigo, el contenido de la caja era escrupulosamente contado por el padrino en presencia de los novios y sus padres…
…El espigo en Valdemaqueda revestía caracteres diferentes, pues allí no era indispensable bailar con los novios para efectuar el donativo; en cada pieza tocada por los músicos, que también eran contratados, se anunciaba previamente el precio de la misma: Esta vuelta vale un duro..., bailando varias parejas a la vez y pasando la tasa a engrosar la dote de los novios. Este método, que también se observaba en la cercana villa abulense de Las Navas del Marqués , entronca con los numerosos bailes de pujas que se dan en la mitad sur peninsular y por toda la costa mediterránea…
En el caso de Valdemaqueda el precio de cada baile era fijo, con independencia de que se hiciera con la novia o no, y las pujas para subir la ofrenda, que sí hacían en Peguerinos y Tornadizo (Avila), eran tenidas por cosa poco digna por estas tierras. Este sistema abría la cuestación a otros bailes distintos de la jota, como el interesante baile tres, cuyo número impar de bailadores lo hacía poco adecuado al ritual comentado en otros pueblos que también lo practicaron (Las Herreras, Navalespino, Robledondo); en Valdemaqueda también se recuerda la presencia de las seguidillas en los espigos y, en fechas recientes, del baile agarrao…



Extracto del artículo:  El baile a la novia en la provincia de Madrid. León Fernández, Marcos. Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 190




Combate aéreo sobre Peguerinos. 29 de octubre de 1936



… El dia 28 de octubre de 1936 por la tarde, creímos haber terminado el último servicio de los frentes de Madrid. Los cuatro Breguet que nos quedaban, con doble tripulación de metralladores bombarderos, y algún que otro piloto de más, el Estado Mayor decidió por orden del Ministerio de Defensa no volver a salir, en tanto no se destinara el personal que quedaba, a los nuevos aviones que estaban llegando de la URSS, por que en los frentes de Madrid, se hacia insostenible con el material que teníamos.La calma no duró mucho tiempo. Al día siguiente, 29 de octubre, cuando nosencontrábamos comiendo en el Hotel de Alcalá de Henares, se presentó un ordenanza, diciendo que nos llamaban con urgencia en el Campo. Subimos todos con premura al ómnibus que teníamos en la puerta del Hotel dejando la comida en la mesa ante aquella enigmática llamada, y cuan no fue nuestra
sorpresa a la llegada, al saber que teníamos que seguir jugándonos el ' 'físico'', pero en aquel caso, con carácter definitivo, sin esperanzas de poder volver. La orden era tajante. Por orden del Ministro de Defensa, que era Prieto, teníamos que salir sacrificando los cuatro aviones que quedaban y cuatro tripulaciones. La columna del Comandante RUBIO estaba cercada por los rebeldes en el frente de Peguerinos. Por medio de los altavoces de los frentes el enemigo los "vucheaba" toscamente, asegurándoles que la aviación de los
"rojos" no aparecía por que se había terminado.


…Preparamos para la salida; nos pasamos las consignas y nada de prisioneros. Cargamos nuestras pistolas con balas explosivas y nos fuimos decididos a vender caras nuestra vidas.
Éramos cuatro Breguet XIX. El nuestro era el último a la izquierda. Alvarito de piloto y yo de ametrallador bombardero. La misión no era otra que la de levantar la moral de los compañeros allí cercados en Peguerinos, costara lo que costara, cosa que se consiguió, según decía al dia siguiente "EL HERALDO DE MADRID" en su primera página, como puede verse en el archivo. No tardó mucho tiempo en presentarse la ocasión. Cuando estábamos colimando las posiciones para hacer el bombardeo, un grupo de seis Fiat CR 32 aparecieron en el horizonte. Hicimos el bombardeo con premura, cosa lógica, para podernos preparar ante el combate que se nos avecinaba sin ninguna posibilidad de éxito. El Jefe de nuestra patrulla giró rápidamente a la derecha con los dos Breguet que le seguían en un picado vertiginoso. Nosotros lo hicimos a la izquierda descendiendo también, para evitar un ataque por debajo, lo que obligó a nuestros atacantes, dividir el grupo en dos patrullas de a tres.
…
Alvarito no cesaba de gritar, exhortándome a que continuara disparando, más yo no podia por lo peligroso que hubiera sido, el ponerme en aquellas condiciones a cambiar de tambor, y cuando le dije que no tenía munición, dio un palancazo y nos metimos de cabeza hacia el suelo, arrancándome la máquina de la torreta y cayendo al suelo. A partir de aquel momento empezó la odisea. Los dos cazas nos atacaban al mismo tiempo perdiendo el alto grado de indoneidad y prudencia que habían tenido hasta ese momento. Las balas nos pasaban por todas partes; el radiador del aceite nos lo habían perforado, y yo iba bañado en aceite, las gafas se me habían roto, y sin cesar de llamar a Alvarito; pero éste no contestaba. Pensando que estaría muerto en la cabina, me lancé al espacio con el paracaidas sin saber donde me encontraba. Cuando me di cuenta, tenía otra vez los dos Fiat encima con intenciones de atacarme, cosa que hicieron sin ningún escrúpulo. Cuando miré de nuevo, a donde se dirigían los cazas, vi con alegría como nuestro Breguet volaba normalmente, bajo y en dirección a nuestro campo, pero pronto el tedio abrumador del momento me hizo volver a la realidad. No sabía donde me encontraba. Pendido del
paracaidas, sólo un silencio sombrío lleno de malos presagios me acompañaban al descenso.
De pronto, al encontrarme en tierra y ante las dudas de estar en terreno enemigo, decidí abandonar el paracaidas y tratar de orientarme con el firme deseo de no parar hasta conseguir incorporarme a la Escuadrilla. Apenas había empezado a desprenderme de los atalages, los dos Fiat de regreso, empezaron a ametrallar el lugar donde me encontraba. Ante aquella embarazosa situación, me tiré al río en cuya ladera me encontraba, y agarrándome a las mismas zarzas para avanzar hacia el puente que tenía a pocos metros, pude llegar a guarecerme bajo el mismo. Unas mujeres que estaban refugiadas en aquel mismo lugar, me informaron estar en El Escorial Al sentirme liberado de aquella pesadilla y sacando fuerzas de flaqueza, decidí salir del puente acompañado de aquellas mujeres que en todo momento trataron de ayudarme. Yo estaba hecho polvo después de aquel ajetreo, pero cuan grande no fue mi sorpresa, cuando al salir, un grupo de milicianos me daban el alto, a la vez que me ponían los cañones de sus fusiles en las narices.
De momento, pensé que aquellas buenas señoras me habían engañado, y que me encontraba en manos de los falangistas, hasta que me di cuenta que eran de la C.N.T. por los pañuelos que llevaban al cuello. Aquello me tranquilizó pensando que al saber quien era, la cosa no tendría más importancia que la de un simple mal entendido; pero no fue asi. Ni mí documentación, ni mis palabras, ni los gritos de aquellas mujeres, pudieron
convencerles. Según ellos, yo era el piloto de la avioneta fascista que había caído en el combate. Lleno de perplejidad y angustia, discutía con aquellos hombres sin poderles convencer, mientras me colocaban al pie del puente y los demás se empecinaban al otro lado del río para ejecutarme. Dos milicianos me sostenían de los brazos, a la vez que gritaban las mujeres protestando y colocándose delante de mi, frente al piquete, hasta que se vieron obligadas a ponerse a un lado, bajo la amenaza de tirar sobre ellas sin contemplación. El griterío de aquellas señoras y las voces de los milicianos que no cesaban de pedirles esperaran por que todos querían tirar, complicaba cada vez más la
formación del grupo de milicianos que cada instante iba siendo mayor, por que no cesaban de llegar. Cuando todo estaba listo, al parecer, se oyeron voces que daban orden de ¡alto!, ¡alto!, ¡alto!, repetían sin cesar. Todos miraron para atrás, y como si hubiera caído del cielo apareció un Capitán Médico uniformado, que había seguido la caída del paracaidas, imponiéndose enérgicamente a que se hiciera aquella ejecución ilegal. Aunque con grandes dificultades, el Capitán logró llevarme hasta la Comandancia Militar del Escorial, con todos aquellos milicianos que no paraban de musitar protestas y frases obscenas de indolencia remarcada. Mientras en el Escorial estaba pasando esta odisea dramática por exceso de celo en un servicio soez, sin ninguna similitud al que nosotros los militares
estábamos acostumbrados a realizar, en el Aeródromo de Alcalá de Henares se estaba dando un caso que por su colorido es digno de explicar, ya que podia decirse, que era el estribillo del "saínete" que había representado aquél último servicio, en el que sólo los BREGUET XIX del frente de Madrid, fueron los protagonistas.
Al tomar tierra Alvarito, en Alcalá de Henares, todos los mecánicos acudieron con premura, al notar la falta del ametrallador bombardero en su cabina. Sus temores aumentaron al ver que en un trozo del proyector del paracaidas, se encontraba enganchado en la torreta del Breguet, cosa que Alvarito aún no había advertido. Alvarito se encontraba de pie junto al avión, tratando de colocar con manos trémulas las gafas sobre su frente, cuando los mecánicos le hacían saber que yo no estaba en la cabina. Mientras que Alvarito, casi sollozando les respondía que tal vez me podia haber estrellado por ahí, los mecánicos miraban fijamente a los ojos de su compañero atónitos de lo que estaban viendo. La extrañeza de sus miradas hizo preguntar Alvarito lo que les pasaban, a lo que hubo quién le dijo, que se había quedado bizco del susto. Aquella sincera y sentimental manifestación,
pareció mal interpretada por nuestro compañero Alvarito, quien después de su tragedia, lo tomó como broma burlona de mal gusto, amenazando con dar un tiro a quienes trataran de burlarse de aquel modo. Efectivamente, Alvarito se encontraba bizco. Con la precipitación con que se preparó la salida de aquel servicio, éste tomó por error las gafas de otro
compañero que tenia un defecto visual y, éstas le transformaron el ángulo visual durante el tiempo que las tuvo puestas.
Asi terminó la Historia de aquel último servicio de los BREGUET XIX, en los frentes de Madrid el 29 de octubre de 1936, en el que murieron la mayoría de los ametralladores bombarderos de mi curso durante la defensa de Madrid, así como muchos de los pilotos antiguos que la empezaron, encontrando Alvarito la muerte algunos meses después al incendiarse los dos aviones que rodaban sobre la pista al chocar con el del siempre recordado igualmente compañero Naranjo, sin que nadie pudiera socorrerles en aquel horroroso y siniestro destino.
¡QUE DESCANSEN EN PAZ!


José Ramos Miraut





Extracto del artículo:  Reminiscencia de un pasado. Último Servicio del Breguet XIX en los Frentes de Madrid.  Del ametrallador de la aviación de la República  José Ramos Miraut. Publicado en la revista “Alas Gloriosas. Boletín informativo Nº20 de la Asociación de Aviadores de la República. A.D.A.R”. Marzo-Abril 1982

lunes, 18 de julio de 2011

La Lección. Por Ramón José SENDER. El capitán Hurtado era el único oficial profesional que teníamos en Peguerinos en 1936...



LA LECCIÓN
Por Ramón José SENDER
El capitán Hurtado era el único oficial profesional que teníamos en Peguerinos en 1936. No acababa de salir de su asombro ante las milicias. Veía que las virtudes civiles daban un excelente resultado en el campo de batalla, y eso debía de contradecir los principios de su ciencia militar. Tenía un gran respeto por la combatividad y el valor de los milicianos, pero no comprendía políticamente la democracia, y a los que querían hablarle de las libertades populares les contestaba con un gesto impaciente:
-Para cuatro días que uno va a vivir dejadme en paz con vuestras tonterías.
Los milicianos se reían y movían lentamente la cabeza. Pero la disposición de Hurtado para el trabajo de guerra al lado de unos hombres cuya ideología no comprendía les era simpática a todos.
-Con vosotros –solía decir Hurtado a los milicianos- se puede ir a todas partes.
Eso les halagaba.
Aquel día Hurtado llamó a cinco hombres elegidos entre los más decididos. Cuatro muchachos y un viejo. Éste era tipógrafo. Entre los otros había un ingeniero industrial, un metalúrgico y dos albañiles. El tipógrafo protestaba siempre porque no tenía tiempo para nada. Desde hacía tres días trataba en vano de leer un discurso del líder sindical de su organización, que había sido publicado en folleto y que llevaba consigo todo sucio y arrugado.
Cuando acudieron a la pequeña casa de madera que había a la salida del pueblo, el capitán no había llegado aún y le esperaron más de media hora. El tipógrafo sacó de la cartuchera el folleto y se puso a leer. Por fin apareció el capitán, acompañado de un sargento telegrafista que solía manejar un heliógrafo. Ese sargento, aunque mostraba un gran entusiasmo por las ideologías políticas de los milicianos con quienes hablaba en cada caso, no tenía la simpatía de nadie. Veían en él algo servil que a nadie convencía. Era corriente oír hablar de él con reservas.
Antes de sentarse hizo un largo aparte con el sargento. Cuando éste se fue dijo a los milicianos que les había llamado para exponerles un plan de penetración y acción en el campo enemigo. Era muy arriesgado y reclamaba la mayor atención. La derrota sufrida el día anterior por el enemigo había forzado a Mola a organizar su campo seriamente para la resistencia. El enemigo estaba muy bien fortificado, había establecido una línea regular y contaba con abundantes refuerzos. Debían de tener patrullas de reconocimiento, con los restos de la caballería mora que lograron salvarse el día anterior. Los milicianos escuchaban impacientes. Hubieran querido asimilar en un instante los conocimientos de aquel hombre. Pero cada cual pensaba que, si Hurtado sabía siempre las condiciones en que se encontraba el enemigo y en un combate conocía el momento y el lugar del contraataque, eso se debía a sus seis años de academia. Ese nombre –Academia- tenía una fuerza y un prestigio abrumador.
-No es necesario el fusil para estos servicios –explicaba Hurtado-. Son mejores las bombas de mano. Tres de vosotros llevaréis también un pico. Los otros dos, una pala. Cada uno, un rollo de cuerda de cinco o seis metros.
Después de una pausa en la que el capitán pareció muy preocupado por las hebillas de su alta bota de cuero, aunque se veía que pensaba en otra cosa, continuó:
-La penetración en el campo enemigo tiene por objeto producir la sorpresa y la desorientación. Para eso hay que saber evitar los puestos de observación, y esto se consigue estudiando bien el itinerario y escogiendo también la hora en relación con la posición del sol o de la luna. El itinerario, flanqueando el viejo camino de resineros...
De nuevo se interrumpió para vigilar la hebilla que no quería dejarse atar. Cuando parecía dispuesto a reanudar la lección, llegó de nuevo el sargento telegrafista. El capitán se levantó y salió fuera. Parecía muy distraído. El tipógrafo sacó su folleto y se puso a leer. El joven ingeniero industrial pensó que no estaba bien salir a hablar aparte con el telegrafista, pero quizá los profesionales daban un gran valor al secreto militar, y eso no podía parecerle mal.
Hurtado volvió a entrar y dijo que tenía que salir para un servicio urgente. La lección la daría al atardecer y la penetración de la patrulla sería antes del alba, al día siguiente. Había tiempo. Todavía se detuvo para advertir que si antes de la media noche no se habían podido reunir de nuevo, los milicianos debían ir a buscarle al Estado mayor o donde estuviera. El tipógrafo guardó su folleto en la cartuchera y contempló extrañado al capitán.
“Es raro –pensó-. Parece un hombre diferente. Se mueve, se sienta, se levanta, habla como si le dolieran la cabeza o las muelas.”
La patrulla iba y venía por el campamento esperando la hora de la reunión. Los cinco milicianos habían quedado libres de servicio aquel día y el tipógrafo seguía leyendo el folleto, algunos de cuyos párrafos había subrayado cuidadosamente con lápiz. Después del bombardeo de la aviación enemiga, hacia las cuatro de la tarde hubo bastante calma. El silencio del frente era horadado a veces por el fuego mecánico de las ametralladoras. A veces, también, cantaba un gallo en un corral próximo, lo que según el joven ingeniero era una provocación intolerable a su estómago.
Hurtado salió al atardecer, con el sargento, hacia las avanzadas. El cabo de intendencia lo vio ir y venir indeciso. Llegó a los primeros puestos del ala derecha y advirtió a los centinelas que tuvieran cuidado al disparar porque iba a reconocer el “terreno de nadie”. Los centinelas lo vieron salir asombrados. “Con hombres tan valientes y tan inteligentes –se dijeron también- se puede ir a todas partes.” Hurtado y el telegrafista avanzaron con grandes precauciones en dirección a una casita abandonada, de cuyas ruinas salía humo. Luego los centinelas los perdieron de vista, pero en los relevos se transmitían la consigna: “Cuidado al disparar, que el capitán Hurtado anda por ahí.” Era ya medianoche y no había vuelto aún.
A la una de la madrugada el tipógrafo reunió a los demás compañeros y les recordó que el capitán les había dicho que después de medianoche debían buscarlo donde estuviera. Antes del amanecer había que realizar el servicio, y para eso necesitaban conocer las instrucciones completas. Ya de acuerdo, se enteraron por el cabo de intendencia y el sargento de la segunda compañía del batallón Fernando de Rosa del camino tomado por el capitán. Con el fusil en bandolera, la bayoneta colgada al costado y media docena de bombas de mano, llegaron los cinco a las avanzadas. Los centinelas les indicaron el lugar por donde Hurtado había desaparecido. La patrulla buscaba entre las sombras, que a veces esclarecía una luna tímida. Con la obsesión de un servicio que había que hacer “antes de la madrugada”, recordaban sus palabras: “Si a las doce no nos hemos reunido, buscadme.” Y los cinco siguieron avanzando cautelosamente en la noche.
Antes de llegar a la casita en ruinas sintieron a su izquiera una ametralladora. En la noche, los disparos eran estrellas rojas de una simetría perfecta. Se arrojaron al suelo y siguieron avanzando. Volvieron a detenerse poco después porque oyeron voces humanas. No comprendían las palabras, pero reconocían el acento atiplado de los moros. El tipógrafo y otros dos avanzaron y los demás quedaron esperando con los fusiles preparados. Pocos minutos después vieron un grupo de caballos sin jinetes atados entre sí. Como las voces se habían alejado y durante más de media hora no vieron a nadie, siguieron avanzando.
-Cuando encontremos a Hurtado –decía el tipógrafo-, va a ser muy tarde.
Otro miliciano afirmaba y añadía que, por si ese retraso no bastaba, todavía sería preciso volver al campamento a equiparse como el capitán había dicho. La última palabra que le habían oído, con la cual quedaba inconclusa una frase de un valor inapreciable era: “el itinerario junto al camino viejo de resineros...”. Había que conocer esa frase entera; había que escuchar sus instrucciones antes de penetrar en el campo enemigo si querían hacer un buen trabajo.
-Entrar en el campo enemigo –se decían- no es tarea para el primer miliciano que llega.
En el fondo de un hoyo de obús encontraron al telegrafista. Se quejaba débilmente y parecía haber perdido el conocimiento. Estaba herido en la cabeza y en el pecho. Tenía también una mano ensangrentada. Pero a veces indicaba con esa misma mano una dirección y reía vagamente. Quizás no se reía, pero la boca ancha y hundida bajo las narices daba esa impresión. En la mano izquierda le faltaba el dedo anular. Los que habían dudado del telegrafista se sentían ahora avergonzados. Con la mano ensangrentada seguía señalando el camino de Hurtado en las sombras. Pero no conseguía hablar. Como se negaba a ser evacuado le dieron agua y lo dejaron allí. Siguieron adelante. El tipógrafo dijo que los moros habían cortado el dedo anular al telegrafista para robarle la alianza de oro. Antes de terminar estas palabras llegaron dos obuses del 7,5. Un balín hirió al ingenieron en el brazo. Se oyó una blasfemia y el herido quedó rezagado buscando algo con que atarse el brazo por encima de la herida.
Pero seguían avanzando. Rebasaron dos nidos de ametralladoras, perdieron algún tiempo tratando de reconocer en la obscuridad –la luna se había ocultado de nuevo- por el tacto las facciones de un muerto. Llevaba bigote y, por lo tanto, no podía ser Hurtado. Y siguieron.
Por fin, momentos antes del amanecer, estuvieron ante Hurtado. Pero aquél era otro campamento. Quizá correspondiera al sector de Las Navas. Hurtado abrió unos ojos enormes, de asombro. Su extrañeza era como una serie de preguntas tan claras que no hacía falta formularlas.
-Dijo usted que le buscáramos –explicaban los milicianos.
Hurtado, con la voz temblorosa, mirando los fusiles, preguntaba:
-¿Yo? ¿Para qué?
Estaba tan desconcertado que no acertaba a llevarse el cigarrillo a los labios.
-Para que nos diga cómo hay que penetrar en el campo rebelde.
Hurtado había perdido la mirada juvenil y franca que tenía en Peguerinos. Los milicianos creían que estaba disgustado porque no llevaban las bombas ni los rollos de cuerda. El tipógrafo advirtió:
-Luego iremos a dejar los fusiles y a equiparnos como usted nos dijo, pero quisiéramos que terminara de darnos sus instrucciones para entrar en el campo enemigo.
Fuera comenzaba a amanecer. A la luz del día era ya visible la bandera traidora de Franco. El capitán desapareció y los milicianos quedaron recordando las palabras con las que había interrumpido su lección: “la penetración en el campo enemigo, junto al camino viejo de resineros...”. No era tan fácil entrar en el campo enemigo. Sólo un oficial con seis años de academia militar podía pretender organizar un servicio tan difícil. Se sentaron todos en semicírculo. El ingeniero apretó un poco más la venda del brazo, sirviéndose de los dientes y de la mano libre. Habían dejado una silla en el centro, para Hurtado.
Éste volvió, pero venían con él dos oficiales acompañados de más de quince soldados, quienes desarmaron a los milicianos y los condujeron a una zanja. Dijeron al joven ingeniero:
-Salta ahí dentro y así nos evitas tener que arrastrar luego tu cuerpo.
Dispararon sobre él y allí quedó, encogido, en el fondo. Ordenaron al tipógrafo que cogiera una paletada de cal de un pequeño montón que había al lado y la echara al muerto. El tipógrafo contestó en silencio mostrando sus manos atadas. Lo desataron. Cogió la pala y miró a su alrededor. Hurtado no estaba. Volvió a dejarla caer, salvó de un brinco una pequeña cerca de piedra y corrió, corrió, corrió. A sus espaldas oyó varias descargas de fusil. Las pistolas sonaban también como botellitas a las que se les quita de pronto un corcho muy ajustado. Sintió en las piernas los golpes de unas ramas de arbusto que no existían y en la boca un líquido caliente y salado.
Pudo llegar a Peguerinos. Allí estaba yo. Me contó todo esto mientras el médico se preparaba para hacerle una transfusión de sangre. Después sacó su folleto sindical del bolsillo y se puso a leerlo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cristino García y su grupo atenta contra el sargento de la Guardia Civil Ildefonso Navas Alonso el 13 de Junio de 1946 en un Bar de Peguerinos. Avila.



El otro día el padre de un buen amigo nacido en las Navas del Marqués me estuvo contando que siendo niño vió los cuerpos sin vida de varios maquis republicanos expuestos por la guardia civil a las puertas del molino (hoy en ruinas) que había junto al puente sobre el río Cofío que separa su pueblo abulense, de la vecina localidad madrileña de Santa María de la Alameda. También recordaba que los guerrilleros antifranquistas habían matado en un bar de Peguerinos a un guardia civil de las Navas.
Esto es lo que he encontrado en internet sobre esos recuerdos infantiles :
"A primeros del mes de abril de 1945, Cristino García cruzó la frontera con una partida de 11 guerrilleros. En Manresa se enfrentaron con un policía, que resultó muerto. En junio fueron detectados en la sierra de Guadarrama. El día 11, un guarda forestal de la finca Las Campanillas en San Rafael se topó con una partida, que no le atacó sino que entabló conversación con él. Le dijeron que eran ‘los dinamiteros’ ya que la partida del comunista asturiano José Vitini Flores se denominaba así. Como Cristino, Vitini fue teniente coronel de la AGE, ex jefe de la División nº 102 con sede en Pau; había entrado en Madrid el otoño anterior. La partida de Vitini Flores atacó una sede de Falange en la calle Ávila de cuatro Caminos, matando a dos falangistas; detenido, Vitini fue fusilado el 28 de abril de 1945.
Uno de los guerrilleros, Cándido Mañanás ‘el Mono’, hizo creer al guarda que él era el jefe de la partida para que no identificara como tal a Cristino. Cuando marcharon, el guarda dio cuenta del encuentro a un ingeniero que veraneaba en la finca, quien a su vez dio parte a la Guardia Civil.
Dos días más tarde, el 13 de junio, en un incidente en un bar de Peguerinos (Ávila), unos desconocidos mataron al sargento de la Guardia Civil Ildefonso Navas Alonso e hirieron a dos guardias, lo que hizo sospechar que se trataba de miembros de la partida. Se inició el rastreo el mismo día con la colaboración del Batallón Ciclista de El Escorial para cercar una zona de 20 Km. de radio. Una patrulla de la Guardia Civil al mando de un sargento localizó a la partida en el Molino de las Madejas, término de Navas del Marqués.
Los guerrilleros habían tomado como rehenes al molinero y a su esposa a los que retuvieron toda la noche. Fuera, bajo una lluvia torrencial, los guardias esperaron las primeras luces del alba para iniciar el asalto.
Tras la balacera resultaron dos guardias muertos y otros dos heridos, más tres guerrilleros muertos –los molineros no sufrieron daño-; un cuarto guerrillero pudo huir herido sólo para morir cerca de un arroyo. Siguiendo el rastro, los guardias dieron con un quinto miembro de la partida con vida pero herido de gravedad. Éste confesó que la partida constaba de 12 guerrilleros al entrar en España; si se descontaban las bajas en el molino resultaba que 7 guerrilleros habían podido huir del cerco.
No por mucho tiempo. El 15 de junio, guardias del puesto de Navas del Rey apresaron a otro guerrillero –‘el Zorro’- escondido en un camión que iba a Madrid; al día siguiente se detuvo a Mañanás ‘el Mono’. Los pueblos limítrofes de la capital: Robledo, Navegalamella, Fresnedillas, Zarzalejo y Valdemorillo fueron ‘peinados’ minuciosamente. En ésta última localidad, el 20 de junio, se detuvo a ‘el Pantera’ y ‘el Muga’, a quienes se acusó de haber asesinado al alcalde de Canillejas.
En tanto, en el mes de julio de 1945 la ‘secreta’ o Brigada Político Social de la Policía desarticuló una célula comunista en Barcelona. Entre los detenidos estaba Jesús Monzón, ‘Mariano’. Mientras, su propio partido, el PCE, inició el proceso para su expulsión.
Volviendo a la partida de Cristino García, tras las detenciones reseñadas quedaban todavía libres al menos él mismo y otros dos guerrilleros quienes parecían haberse evaporado. Los servicios de información dedujeron que los detenidos hasta entonces en realidad habían actuado como reclamo mientras los otros entraban en Madrid.

Nada se supo de ellos hasta la primera semana de septiembre de 1945.
El día 6 de ese mes, León Trilla fue advertido de manera clandestina de que debía acudir a una cita en la madrileña calle Magallanes, donde le esperaban dos conocidos. Se les acercaron otros dos, miembros éstos de la partida de Cristino, forcejearon, y alguien le clavó a Trilla un puñal en el corazón, matándole .
Según cuenta Enrique Líster en su libro Así destruyó Carillo el PCE, García Granda se abstuvo de tomar parte material en ese crimen. Narra Líster que Antonio Núñez Balsera, ex miembro del Comité Central, le contó en 1971 que fue él mismo quien transmitió la orden de realizar esta misión al jefe guerrillero, decidida por Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. Cristino García, además, no habría conocido el sentido real de su viaje hasta hallarse en Madrid.
Para Balsera y Líster, el jefe guerrillero se habría indignado exclamando: “Yo soy un revolucionario y no un asesino”. Balsera le instó a obedecer la disciplina del partido hasta conseguir que, al menos, fueran los de su partida quienes realizaran la misión aunque él no se mezclara. De manera que su azarosa entrada en España era para eso, para ser usado como instrumento de una purga interna… Los asesinos materiales, además, fueron engañados para que actuaran en la creencia de que mataban a un confidente de la Policía franquista, según indica el historiador Joan Estruch Tobella en El PCE en la clandestinidad 1939 / 1956.
Nada se volvió a saber de esta célula guerrillera hasta una semana después, el 14 de septiembre, cuando Cristino y sus subordinados atracaron una oficina de ferrocarriles del Paseo Imperial para apoderarse de 21.000 pesetas. De nuevo el silencio hasta primeros de octubre, cuando asaltaron la sede de Falange de Buenavista. Unos días después, el 9 de octubre, atracaron la sucursal del Banco Central del Paseo de las Delicias donde se apoderaron de 143.000 pesetas.
Esta situación, tan alejada de los tiempos de Francia, incomodaba a García Granda, Según anota André Sorel en Guerrilla española del siglo XX –Editions du Globe, colección Ebro, París, 1970-, comentó a sus subordinados:“El trabajo que estamos haciendo aquí en Madrid es bastante sucio, y yo no sirvo para esto. El día menos pensado cojo el macuto y me voy a la sierra, que es lo mío”.
Noticia de la condena de Cristino García Granda. 
La Vanguardia. Febrero 1946
Pero León Trilla no era el único blanco marcado en la misión de Cristino García. La Policía le implicó en un segundo asesinato de un comunista disidente, cometido el día 15 de octubre en la calle Cea Bermúdez. La víctima fue Alberto Pérez ‘César’, compañero de Trilla. Fue justamente tras cometerse esta muerte cuando Cristino García fue detenido en su huida por la Policía."

Esto es un pequeño extracto sacado de una de entrada de este blog dedicado a la figura de Cristino García: