"Quirós es un río, afluente del Navia, en Asturias (actual provincia de Oviedo), que corre hacia el mar Cantábrico por un pequeño valle dominado por el macizo calcáreo de El Avaneo (1,714 metros de altitud sobre el nivel del mar), y en el cual desde los primeros tiempos de la Reconquista, en el siglo ix ó x, a lo sumo, aparecen los caseríos diseminados que forman el Consejo del mismo nombre («Quirós»), dependiente de La Pola de Lena, que es la cabeza del partido judicial a que corresponde, en la actual organización dministrativa. La capitalidad de las numerosas entidades de población que compone el Consejo de Quirós es, hoy por hoy, la que lleva el nombre de Barzona o Barcena; y ésta es la patria original, la más remota patria nuestra, de la que sin duda, todos llevamos todavía huellas en nuestra alma. Allí vivió, mil años hace, un tal Bernardo o Bernaldo, según la fonética bable, es decir, asturiana, que, a juzgar por su nombre germánico, debió ser un godo de los que se refugiaron más allá del Puerto de Pajares, cuando la invasión árabe, comenzando casi sin demora la Reconquista. «Bernardo» significa «corazón de oso», lo que iba muy bien entonces para aquel país asturiano en que todavía se conserva el Ursus Arctus de la fauna originaria. 1 N/C. Manuscrito dejado a su hija María Isidra (Lily) de Cassá, antes de su partida hacia México en 1947. Por aquel entonces, el pueblo entero se hallaba bajo la jurisdicción del Obispo de Oviedo, quien le conservó en tal concepto hasta que se le dio en encomienda a un descendiente del Bernaldo, cabeza del linaje, llamado en las crónicas viejas Gutiérrez Bernaldo de Quirós. La fecha de este suceso es la de 1314, reinando Alfonso XI, aún en menor edad y bajo la tutela de su abuela, la benemérita doña María de Molina. Mas entre tanto, entre el primer Bernaldo y el Gutiérrez de los días de Alfonso XI, ya la familia se había ilustrado en la empresa de la Reconquista, siendo indudable que alguno de susmiembros más destacados asistieran con cierta eficacia a la Toma de Baeza, en Tierra de Jaén, el año de l227, acompañando al rey Fernando III, «El Santo», pues a este famoso hecho de armas se sabe positivamente que aluden las dos grandes llaves que figuran, como lema principal, en el escudo de la Casa, ceñido por el cordón de San Francisco, alusivo a una de sus fundaciones piadosas en Oviedo. El apogeo del linaje le marca, no obstante, el propio don Gutiérrez Bernaldo de Quirós, llamado por los historiadores de la época «Rey Chico de Asturias» y condecorado con la Orden de la Panda por el rey Alfonso XI, creador de ella, la más ilustre entonces de Castilla. De la ambición megalómana del linaje dan idea los motes o lemas de las familias derivadas de él, y entre los cuales las más ilustres fueron las de Lena, Figaredo y Langreo, todas en Asturias.
El Palacio de Camposagrado fue la casa solariega de los Bernaldo de Quirós, Marqueses de Camposagrado. Su origen está en una torre de defensa edificada hacia el siglo XIII, una de las primeras construcciones de las que se tiene memoria en Mieres y que estaba situada en el extremo de un puente que servía a una calzada de probable origen romano, en cuyas proximidades había una iglesia dedicada a Santa Marina

Los Quirós de Segovia y Ávila son más antiguos que los de Madrid y han de tener un origen común en los comienzos del siglo XVII. Nosotros somos de los de Ávila; y de los de Segovia, los tres hermanos Bernaldo de Quirós (Cesáreo, pintor; Carlos, jurista; y Felipe, fallecido, médico) que representan dignamente el apellido hoy en Buenos Aires. Éstos descienden de don Cesáreo Bernaldo de Quirós y doña Dorotea de las Heras, casados en la parroquia de El Salvador, de Segovia, el 8 de noviembre de 1806; y nosotros, de don Luis Leandro Bernaldo de Quirós y doña María de la Cruz Matrana, nacidos en Las Navas del Marqués (Ávila) y casados allí hacia el mismo tiempo, acaso algo antes. A los Quirós de la provincia de Ávila, que son los nuestros, deben agregarse los de Robledo de Chavela, aunque ese pueblo corresponda a la provincia de Madrid, ya que Robledo de Chavela y Las Navas del Marqués, que, en realidad, es el solar nuestro, son pueblos limítrofes. En la plaza de Robledo de Chavela hay una hermosa casa de piedra, sencilla y fuerte, del estilo herreriano de El Escorial, fundada a fines del siglo xvi o principios del xvii, que lleva sobre el dintel del portal su gran piedra de armas con los atributos de los Quirós, frente a la gran iglesia gótica donde se conserva el retablo de uno de los «primitivos» castellanos, Rincón, con el retrato de los Reyes Católicos.
Si en Las Navas del Marqués, que es el solar nuestro, como he dicho antes, no existe ninguna casa con el blasón de los Bernaldo de Quirós, ello se debe al privilegio abusivo de los Dávilas, marqueses de Las Navas, de que no pudiere alcanzar escudo alguno simplemente hidalgo, donde campease el suyo, labrado en la portada del gran castillo aún en pie allí, llevando en el dintel principal la leyenda Magalia Guondam, que no deja de ser soberbia, expresando una rápida carrera ascendente, pues significa «majada de pastores antes», lo que después fuera castillo de señores. Pero la antigüedad de los Dávila es poca frente a la de los Bernaldo de Quirós, uno de los más viejos linajes del primitivo Reino de Asturias, antecesor de los de León y de Castilla. El Marqués de Las Navas, constructor del castillo, fue uno de los personajes favorecidos en la Corte de Carlos I de España y V de Alemania, el emperador o césar de la época. Los Quirós de la provincia de Madrid, distintos de los de Segovia y Ávila, se localizan al extremo opuesto de Robledo de Chavela, en los partidos judiciales de Torrelaguna y Alcalá de Henares, esto es, hacia el Este, lindando con la provincia de Guadalajara. En la iglesia del Convento de la Concepción de Torrelaguna, patria del cardenal Jiménez de Cisneros, hay un enterramiento con sendas estatuas orantes de don Fernando Bernaldo de Quirós y de su esposa doña Guiomar. En la parroquia de Salamanca se lee todavía también nuestro apellido sobre landas sepulcrales de pizarra que destacan en negro azulado en el pavimento.
En su nuevo medio geográfico y social, esto es, fuero de Asturias, en las dos vertientes de la Cordillera Central, los Bernaldo de Quirós han sido, sobre todo, labradores y ganaderos de ovejas y de vacas especialmente, y hasta de toros bravos, como mi primo Agapito, de Guadarrama Cesmeros, esto es, representantes de los pueblos de la antiquísima comunidad de la tierra de Segovia y no menos antiguo morío de la universidad de la tierra de Ávila, han defendido la riqueza forestal del país, aprovechándola debidamente. Muchos se dedicaron a extraer de los montes la madera, transportándola en sus carros a Madrid, a Ávila, a Segovia. Otros fueron carpinteros, guardabosques, pastores. Sólo faltan en el linaje los cazadores profesionales, como José Luis Bernaldo de Quirós, de Robledo de Chavela, hábil tirador y alimañero, colector de mamíferos y aves para el Museo Nacional de Historia Natural, de Madrid, que le tenía a sueldo. Pero ha habido también en los Bernaldo de Quirós de Ávila y de Segovia, por lo menos una decidida orientación profesional hacia las ocupaciones de pluma, expresada en algunos linajes,
durante siglos enteros, a ocupar las secretarías municipales y judiciales de los pueblos vecinos, extendiéndose de esta suerte por territorios relativamente amplios. Así lo hizo, al comenzar el siglo xix, don Pedro Tomás, nacido en Las Navas del Marqués hacia 1788 ó 1790, a quien la invasión napoleónica alcanzó siendo secretario del Ayuntamiento de Hoyo de Pinares (Ávila) y que tuvo la curiosidad de escribir el diario de aquellos años de lucha, sobre todo el del terrible 1817, el año del hambre, en que la hogaza de pan llegó a pagarse a más de una onza de oro (16 duros) en cualquiera de los pueblos del distrito de Pinares, de que es capital Cebreros, de donde nosotros procedemos por la línea materna. El manuscrito de ese diario le conservaba, en el propio Hoyo de Pinares, don Luis Alonso y Bernaldo de Quirós, biznieto del autor y tío mío por ambas líneas, habiéndome servido para el estudio La Guerra de la Independencia en un rincón de la sierra de Ávila, que publicó la revista madrileña La Lectura hacia 1919 y que luego se reprodujo en el Anuario del Club Alpino Español de 1922 y poco después en la revista Peñalara. Lo mismo que don Pedro Tomás hizo su sobrino, mi bisabuelo, don Luis Leandro, natural así mismo de Las Navas del Marqués, ocupando la Secretaría del Ayuntamiento de Peguerinos, pueblo inmediato donde edificó su casa en 1836 y donde acabó su vida, dejando como sucesor en aquel puesto y en la Secretaría del Juzgado Municipal a su hijo Sinforoso, mi abuelo. La referida casa estaba en la parte baja, calle De La Posada, mirando a pleno mediodía, como casi todas las de aquel pueblo polar, a más de 1,300 metros de elevación, entre las sierras de Guadarrama y de Malagón, ésta al Norte y al Sur aquella. La casa debe conservarse aún; y en 1926 el Ayuntamiento de Peguerinos hizo colocar en su fachada una lápida haciendo constar que yo me había criado en ella. Timoteo, hijo de Sinforoso y hermano de mi padre, Juan Bernaldo de Quirós, le sucedió hasta 1923, en que, a su vez, murió. Nicasio, hermano de Sinforoso, fue así mismo Secretario del Ayuntamiento de Zarzalejo (provincia de Madrid), no lejos de Peguerinos. Isidoro Bernaldo de Quirós, primo de Sinforoso y de Nicasio, desempeñó hasta el fin de su vida la Secretaría del Ayuntamiento de Santa María de la Alameda (provincia de Madrid), que linda con Peguerinos y Las Navas del Marqués. Mi padre, Juan, hijo de Sinforoso, y su primo Fermín, hijo de Nicasio, fueron secretarios judiciales. Y yo mismo también, más de una vez, fui secretario: ya de la Comisión Interina de Corporaciones Agrícolas (entre 1928 y 1930), ya en 1931-1932 de la Comisión Técnica Agraria que preparó la Ley de Reforma Agraria de la Segunda República; sin contar otras secretarías accidentales que también he desempeñado. La sistematización en esos servicios llega hasta mi hijo Juan, y aún a mi otro hijo Constancio, aunque en menor grado, habiendo durado, por más de un siglo, sin solución de continuidad, en nuestra línea. Fuera de las dos Castillas, pero sin salir todavía de España, he encontrado Bernaldo de Quirós en Córdoba y Puente Genil, que pertenece a la provincia misma de Córdoba (Andalucía), en Liria (Valencia) y en Barcelona (Cataluña).
C. B. de Q.
Ciudad Trujillo, 29 junio 1947
Don Constancio Bernaldo de Quirós fue sociólogo y jurisconsulto, nació en el barrio de Lavapiés, en Madrid, España, el 12 de diciembre del año 1873. Murió en México a los 85 años de edad, el 11 de agosto de 1959.
Cursó estudios de derecho en la Universidad Central de España, donde se graduó antes de cumplir los 20 años de edad. Adquirió su formación social en la “Institución Libre de Enseñanza”, donde fue discípulo preferido de su fundador, don Francisco Giner de los Ríos.
Desde muy joven se distinguió como penalista y criminólogo, áreas éstas en las que se especializó y en las que gozaba de respeto. Fue colaborador y fundador del Instituto de Reformas Sociales, y al desaparecer dicha institución, paso a la Subdirección General de Política Agraria del Ministerio de Salud y Previsión Social, en el período 1931-1936, donde devino en el principal redactor de la profusa “Legislación Agrícola y del Trabajo” de esa época. Trabajó además en la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y fue Vicepresidente de honor del V Congreso Internacional para la Unificación del Derecho Penal, reunido en Madrid, en 1933. Fue profesor de criminología en el Instituto de Estudios Penales e impartió cátedra sobre diversas disciplinas socio-jurídicas en el Instituto para la Enseñanza de la Mujer y en la Escuela Social del Ministerio de Trabajo y Previsión Social. También se destacó dando clases al cuerpo de orden y control de la Cárcel Modelo de Carabanchel, de Madrid.
Además de su labor como jurisconsulto y sociólogo, fue fundador de la Sociedad de Alpinismo Peñalara, desde la cual promovió el amor por las montañas a través de la revista de igual nombre, la cual fundó y dirigió durante muchos años. Por su destacada labor en este campo, fue electo socio honorario del Club Alpino Español.
A pesar de la amistad que lo unió con Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, con los grandes hombres del republicanismo y con miembros de otros partidos, no tuvo militancia política alguna.
Salió de España, al terminar la Guerra Civil, sin un solo libro o documento y tan pobre, que al entrar en Francia fue internado en un asilo de locos, en la ciudad de Fumel, Departamento de Lot-et-Garonne, junto a su esposa, dos hijas (María y Julia) y dos nietos (Luis y Carmen), permaneciendo allí hasta agosto de 1939.
Llegó al país en calidad de asilado anónimo, en el ultimo viaje del barco “La Salle”, el cual fue hundido por submarinos alemanes durante su travesía de regreso a Europa. A su arribo, fue alojado junto a su familia, en la Granja Agrícola “Trujillo”, en San Francisco de Macorís. Más tarde fueron trasladados por la gente influyente del pueblo, junto a otras familias refugiadas, a los altos de la Gobernación de San Francisco. Allí permanecieron varios meses, viviendo de la ayuda que les brindaba el Servicio de Migración de Republicanos Españoles (SERE) y de las dádivas de muchos francomacorisanos de diferentes estratos sociales.
Fue precisamente allí donde el Dr. Narciso Conde Pausas, Abogado residente en dicha ciudad, se enteró de los antecedentes académicos de don Constancio e inició las gestiones para su nombramiento como catedrático de la Universidad de Santo Domingo, institución en donde impartió las cátedras de criminología y legislación penal comparada, y en donde conquistó el aprecio y la admiración de cuantos le trataron.
Debido a su inconformidad con el régimen imperante entonces en el país, el 27 de julio de 1947 se trasladó con su esposa a la ciudad de México, en donde se desempeñó como catedrático de criminología y derecho penitenciario, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus conocimientos sobre policiología lo llevaron a la Procuraduría del Distrito Federal de México, institución donde dirigía la Escuela de Capacitación del Personal.
Desde su llegada a América el 23 de febrero de 1940 hasta su muerte, no dejó de trabajar ni un solo día en la enseñanza, en condiciones a veces muy difíciles de salud. Pronunció innumerables conferencias en ciudades y pueblos de la República Dominicana, Cuba y México. Colaboró en diversas revistas editadas en diferentes países del continente; asesoró varios proyectos de codificación penal y es autor de la legislación que rige el derecho penal en la República de Honduras. Algunas de sus obras son textos oficiales en diversas universidades latinoamericanas.
