lunes, 8 de junio de 2015

LA BATALLA DE PEGUERINOS - 30 de agosto.- Nuovo Avanti, 12 de septiembre de 1936. Pietro Nenni - La Guerra de España.

Pietro Nenni - La Guerra de España.

LA BATALLA DE PEGUERINOS - 30 de agosto.- Nuovo Avanti, 12 de septiembre de 1936.

En El Escorial. Diana a las seis. Estoy cansado y pido a de Rosa un suplemento de sueño. Nos levantamos a las siete. Algunas órdenes que dar, algunos asuntos que despachar. Charlamos con algunos jóvenes oficiales llenos de ardor y fuego. Son las nueve cuando nos ponemos en camino hacia Peguerinos. Fernando cree que es una falsa alarma. Nos adelantamos. Peguerinos ya está a la vista y no notamos nada insólito. Pero, viene un campesino: se acerca asustado. Reconoce a Fernando. Le dice que el pueblo está ocupado desde el alba por los rebeldes. No ha habido, según él, un verdadero combate; el enemigo se infiltró por sorpresa. Los puestos de escucha habían sido atacados con arma blanca (cuchillo y puñal).  Regresamos a Santa María de la Alameda, desde donde Fernando se pone en contacto con El Escorial y Madrid. Con su eterna pipa en la boca, no pierde su sangre fría ni eleva su voz. Pesca al vuelo, valga la expresión, a los pocos milicianos que están en el puesto, sitúa centinelas, ordena armar a los campesinos y evacuar a las mujeres y niños. No queda más que esperar los refuerzos. Llega el teniente coronel Morlones: Le hago notar que la infiltración de esta noche plantea un grave problema:
el de la vigilancia y los enlaces. Levanta los brazos en un gesto cómico, como si quisiera tomar al cielo por testigo de su impotencia. Llegan los refuerzos. Aquí está el Batallón Largo Caballero, reclutado a gran prisa, entre los jóvenes socialistas. Aquí el Batallón Acero. Se despliegan, en semicírculos por los campos, en dirección a Peguerinos. A las cuatro de la tarde, sobreviene la aviación fascista: tres Caproni. Vuelan bajo, con toda seguridad. Buscan sus blancos. Los milicianos y campesinos están muy impresionados. Valientes cuando tienen un viejo fusil en la mano y al enemigo enfrente, se sienten desarmados ante estos pájaros de presa. Se agrupan como los niños, buscan un refugio que los haga invisibles. A veces, incluso, se esconden en los lugares más peligrosos, por ejemplo, debajo de los camiones. Les gritamos que se tiren al suelo y que no se muevan. Esta es la única protección posible. Si la bomba no le cae a uno encima, es casi seguro estar a salvo. Estamos en un terreno descubierto, pedregoso. El estruendo del bombardeo es ensordecedor, pero no es esto lo que más impresiona. Es difícil permanecer inquebrantable bajo las ráfagas de las ametralladoras. Los Caproni pasan por encima de nosotros casi a ras de tierra y descargan una cinta de ametralladora. Después, vuelven a tomar altura y lanzan bombas. Fernando está en vena de hacer chistes: "Pietro, estas piedras van a ser nuestra tumba". Me dice.
El bombardeo dura veinticinco minutos. Mucho ruido. Pero los daños causados no son serios. Media hora más tarde, llega nuestra aviación y tira las tres primeras bombas en nuestras avanzadas antes de localizar las líneas fascistas. Mientras tanto, los milicianos se colocan en posición de ataque, con las secciones de ametralladoras a la cabeza. Noto entre los portadores de municiones a un grupo de jóvenes camaradas mujeres, esbeltas, bellas y serenas. A las cinco y media, llega el coronel Asensio que hoy ganará sus galones de general. La orden de ataque se da inmediatamente después. En cuanto los nuestros se descubren, quedan bajo el fuego cruzado de las ametralladoras fascistas. Fernando, colocado a la cabeza, grita: "¡Adelante muchachos!" Hay trescientos metros de campo a descubierto, después de los cuales el terreno ondula y ofrece una protección apreciable. De un salto, el primer objetivo es alcanzado.
Cae la tarde. Asensio se dirige a los milicianos: "¡Hijos del pueblo, dentro de una hora tenemos que haber tomado Peguerinos. " A la derecha, los combates se acentúan. "¡Los moros! ¡Los moros!" Oigo a Fernando que grita: "Los moros son hombres como vosotros". Ahora, la línea avanza segura, casi irresistible. Pero empieza a oscurecer y esto crea alguna confusión.
El pueblo arde. Los bosques de los alrededores arden también. Los moros están apostados tras de los árboles. Pero de repente, nos damos cuenta de que sólo están resistiendo para cubrir la retirada. "¡Adelante, adelante." El estruendo de las explosiones cubre ahora todas las voces. Llegamos hasta las primeras casas. Un puentecito nos separa del pueblo. Gritan: "¡Está minado!" Hay un momento de indecisión. Asensio, Fernando y otros oficiales pasan entre los primeros. Apostados a algunos metros, los últimos moros lanzan granadas de mano. Ahora el combate se fracciona en múltiples episodios singulares, alrededor de cada árbol, de cada casa. Tropiezo con el cadáver de un viejo campesino, caído frente a la puerta de su casa. Ya es de noche. Sale la luna. La puerta de la alcaldía está obstruida por los cadáveres de tres moros gigantescos. Los primeros heridos y prisioneros empiezan a llegar.
Una escena cómica nos calma los nervios. Un moro, prisionero, se echa al cuello de Fernando: "Quieren matarme, Fernando, me han tomado por un moro". Es el chofer del Batallón de Octubre; de piel obscura de por sí, se ha quedado todo el día, bajo el sol canicular, inmóvil detrás de un matorral. Congestionado y sudoroso, lo tomaron por un moro.
En plena noche, a través del bosque, nos reunimos con el batallón de Fernando, que sostuvo un duro ataque. Hay diez muertos y muchos heridos. 




Pietro Sandro Nenni (Faenza, 9 de febrero de 1891 - Roma, 1 de enero de 1980) fue dirigente del socialismo italiano. Proveniente de una familia de campesinos, Nenni fue periodista y posteriormente se convirtió en político. En1911 fue encarcelado por organizar una manifestación en contra de la invasión italiana de Libia. En su estancia en la cárcel conoció a Benito Mussolini. En 1921 se afilió al Partido Socialista Italiano (PSI). En 1922como redactor jefe del periódico Avanti, atacó duramente a Mussolini que había llegado ese mismo año al poder. El periódico fue definitivamente clausurado en 1926 y Nenni se exilió a Francia, siendo elegido secretario general del PSI.
En 1936 participó en la Guerra Civil Española como comisario político de la Brigada Garibaldi.
Después de la Segunda Guerra Mundial y de nuevo en Italia, ocupó distintos cargos gubernamentales, entre ellos los de vicepresidente del consejo de ministros (1945-1946) y Ministro de Asuntos Exteriores (1946-1947). Como consecuencia de la división del PSI, Nenni se quedó a la cabeza del bando más a la izquierda, aliándose con los comunistas, con los que rompió en 1957 debido a la invasión de Hungría. En 1963, su entrada como vicepresidente de un gobierno de centro-izquierda originó la escisión del ala izquierda socialista que dio nacimiento al PSIUP. Tras la reunificación en 1966, fue elegido presidente del partido y ocupó nuevamente el ministerio de Asuntos Exteriores en 1968. En 1969 dimitió de todos sus cargos al salir derrotada en el congreso del partido su moción favorable a la continuación de la alianza centro-izquierda.
En 1970, fue nombrado senador vitalicio. Años más tarde volvió a presidir el Partido Socialista y en 1978 se presentó con este partido como candidato para la presidencia de la República.